Os dejo el enlace al número 14 de la revista eCO del CEP de Córdoba. El asesor del Ámbito Cívico-Social, José Moraga, me invitó a participar con un artículo sobre escuelas libertarias dentro del monográfico "La escuela en perspectiva histórica":
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sábado, 29 de abril de 2017
martes, 1 de noviembre de 2016
lunes, 17 de noviembre de 2014
viernes, 1 de agosto de 2014
jueves, 24 de julio de 2014
Recordando a Joan Peiró, un artículo de Julián Casanova
El 24 de julio de 1942, Joan Peiró fue fusilado en el cementerio valenciano de Paterna. "Ministro, anarquista y... http://t.co/Pe8QgqNKr4
— Julián Casanova (@CasanovaHistory) julio 24, 2014
domingo, 9 de febrero de 2014
Joan Rogé y Josep Torres i Tribó: semblanza de dos maestros libertarios
"Otro campo educativo mucho más sincero es el de los sacrificados maestros de escuela, muchas veces simplemente obreros cultivados que se dedicaban a la enseñanza de los obreros adultos y de los niños de clase trabajadora. En este campo destaca Joan Rogé, quien dirigía la escuela Llum, en la calle Alcolea de Sants, y más tarde otra en Esparreguera, en la segunda década del siglo XX. Rogé había nacido hacia 1880 en Tortosa, procedente de una familia de gitanos catalanes. La Llum fue, hasta los primeros años de la República, también centro de alfabetización de adultos y de discusiones obreras, por donde pasaron Seguí, Quemades, Boal, Peiró, Pestaña, y Acín cuando estaba en Barcelona. Según el testimonio de Pere Foix 'Delaville', que vivió aquellos ambientes, escribe lo siguiente en Apòstols i Mercaders: 'Rogé vivía pobremente. La escuela, que era su único ingreso económico, apenas le daba para vivir. La ropa que llevaba estaba lustrosa por el uso, y zurcida. Por la mañana desayunaba una sardina a la brasa y una rebanada de pan con tomate. La comida era magra y sobria la cena. Mal alimentado, mal vestido y, cuando la política iba de capa caída, la policía siempre le estaba acosando'.
Posteriormente destacó Josep Torres i Tribó, nacido en Aberca en 1889, y muerto en el campo de concentración de Mauthausen al 1940. Este era maestro, por la Escuela Normal de Lleida, un puritano, individualista y arisco, que no fumaba ni bebía. Abrió una escuela en el Ateneo Libertario de la Sagrera, donde tenía sesenta alumnos, hijos de obreros, de siete a catorce años. Coeducaba y despertaba el gusto por la lectura, entre otras con las novelas de aventuras de Jack London (que, por cierto, también eran lectura de Lenin). Solà dice que Torres 'procuraba que su militancia faísta no trascendiese a la escuela', y que 'el idealismo de Torres Tribó deja entrever un cierto espiritualismo, un positivo sentimiento religioso, entre franciscano y tolstoiano, y profundamente antidogmático'."
Ahí están presentes algunos de los rasgos primordiales del hilo pedagógico libertario: alfabetización de niños y adultos, conciencia obrera, puritanismo moral, amor por los libros, coeducación, cultivo de una espiritualidad laica y antidogmatismo. Nuestra es la tarea de retomar ese hilo y actualizarlo en este duro siglo XXI.
(Cita extraída de Historia del anarquismo en España (1870-1980), del historiador Josep Termes. Barcelona, RBA, 2011; pp. 283-284)
Posteriormente destacó Josep Torres i Tribó, nacido en Aberca en 1889, y muerto en el campo de concentración de Mauthausen al 1940. Este era maestro, por la Escuela Normal de Lleida, un puritano, individualista y arisco, que no fumaba ni bebía. Abrió una escuela en el Ateneo Libertario de la Sagrera, donde tenía sesenta alumnos, hijos de obreros, de siete a catorce años. Coeducaba y despertaba el gusto por la lectura, entre otras con las novelas de aventuras de Jack London (que, por cierto, también eran lectura de Lenin). Solà dice que Torres 'procuraba que su militancia faísta no trascendiese a la escuela', y que 'el idealismo de Torres Tribó deja entrever un cierto espiritualismo, un positivo sentimiento religioso, entre franciscano y tolstoiano, y profundamente antidogmático'."
Ahí están presentes algunos de los rasgos primordiales del hilo pedagógico libertario: alfabetización de niños y adultos, conciencia obrera, puritanismo moral, amor por los libros, coeducación, cultivo de una espiritualidad laica y antidogmatismo. Nuestra es la tarea de retomar ese hilo y actualizarlo en este duro siglo XXI.
(Cita extraída de Historia del anarquismo en España (1870-1980), del historiador Josep Termes. Barcelona, RBA, 2011; pp. 283-284)
jueves, 26 de diciembre de 2013
Paul Mattick (II): patriotismo, guerra y escuela
Hace ya meses escribí un post sobre la guerra y la escuela al hilo de una clase en el instituto sobre la Primera Guerra Mundial. Vuelvo a ella porque leyendo La révolution fut une belle aventure, me encuentro con una anécdota que me saca una sonrisa. En ella se aprecia el ingenio de los más humildes para resistir y desobedecer a las propuestas insensatas de los que mandan.
Paul Mattick tenía 10 años cuando estalló la Gran Guerra y su padre fue movilizado al frente de Bélgica como reservista. Sólo lo veían en casa una semana al año. Su madre tenía que trabajar muy duro para sacar adelante a la familia. Es entonces cuando el pequeño Paul, junto a otros amigos del barrio, comienza a robar frutas para sobrevivir a la pobreza reinante. En la escuela, se promueven colectas para ayudar a la Patria y los niños son enviados con sus huchas de puerta en puerta para recaudar monedas para la causa bélica. Pero muchos de estos niños no van a mostrar ningún interés en la guerra, tienen otras necesidades más importantes que cubrir:
"Grâce à ces collectes, nous avons pu amasser un précieux butin que nous avons caché dans notre cave, pour essayer de le vendre. Et ça a marché! Pour nous, il n'était pas question de donner ce métal à la 'Patrie', mais plutôt d'en tirer profit. La moitié de la classe –sur environ 40 élèves– n'ayant aucunement la fibre patriotique, nous l'utilisions à des fins détournées pour récupérer quelques sous. C'est dire à quel point nous étions absolutment insensibles à l'entrain suscité par la guerre"
A pesar de toda la maquinaria de propaganda puesta al servicio de la guerra, la resistencia –o, al menos, la indiferencia– era, pues, posible. Señala Mattick que el patriotismo dominante en la sociedad alemana de aquel tiempo no tenía apenas atractivo en el círuclo de niños berlineses con los que él se movía, tanto en la escuela como en el barrio:
"N'éprouvant aucune joie à l'idée de la guerre, soutenir une telle cause nous laissait indifférents. Comme je l'ai déjà dit, nous ne pensions qu'à nous-mêmes, aux copains et aux moyens de nous débrouiller pour subsister".
Paul Mattick tenía 10 años cuando estalló la Gran Guerra y su padre fue movilizado al frente de Bélgica como reservista. Sólo lo veían en casa una semana al año. Su madre tenía que trabajar muy duro para sacar adelante a la familia. Es entonces cuando el pequeño Paul, junto a otros amigos del barrio, comienza a robar frutas para sobrevivir a la pobreza reinante. En la escuela, se promueven colectas para ayudar a la Patria y los niños son enviados con sus huchas de puerta en puerta para recaudar monedas para la causa bélica. Pero muchos de estos niños no van a mostrar ningún interés en la guerra, tienen otras necesidades más importantes que cubrir:
"Grâce à ces collectes, nous avons pu amasser un précieux butin que nous avons caché dans notre cave, pour essayer de le vendre. Et ça a marché! Pour nous, il n'était pas question de donner ce métal à la 'Patrie', mais plutôt d'en tirer profit. La moitié de la classe –sur environ 40 élèves– n'ayant aucunement la fibre patriotique, nous l'utilisions à des fins détournées pour récupérer quelques sous. C'est dire à quel point nous étions absolutment insensibles à l'entrain suscité par la guerre"
A pesar de toda la maquinaria de propaganda puesta al servicio de la guerra, la resistencia –o, al menos, la indiferencia– era, pues, posible. Señala Mattick que el patriotismo dominante en la sociedad alemana de aquel tiempo no tenía apenas atractivo en el círuclo de niños berlineses con los que él se movía, tanto en la escuela como en el barrio:
"N'éprouvant aucune joie à l'idée de la guerre, soutenir une telle cause nous laissait indifférents. Comme je l'ai déjà dit, nous ne pensions qu'à nous-mêmes, aux copains et aux moyens de nous débrouiller pour subsister".
lunes, 23 de diciembre de 2013
Paul Mattick: "El miedo nos impedía pensar y aprender"
Acaba de publicarse en Francia, gracias a Éditions L'echapée, La révolution fut une belle aventure, de Paul Mattick, militante y teórico de la izquierda consejista. El libro está basado en una serie de entrevistas realizadas durante el año 1976 y, a través de un recorrido autobiográfico, recorre el panorama social y político desde las calles del Berín revolucionario hasta los movimientos radicales americanos (1918-1934).Todo ello en un estilo ágil y vibrante.
Paul Mattick nació en Stolpen, pero muy pronto se trasladó a Berlín junto a sus padres. Hijo de un obrero no cualificado y de una criada, pasó su infancia en Charlottenburg, un barrio popular de la capital alemana. En el primer capítulo del libro, "L'enfance et l'horreur de l'école", Mattick recrea el ambiente de los barrios populares en el Berlín del primer tercio del siglo XX, la vida de los niños en la calle, su relación con la escuela y su entrada temprana en política de la mano de su primer trabajo como aprendiz en la fábrica Siemens.
El padre del pequeño Paul, sin estudios, era un sindicalista vinculado al partido socialdemócrata alemán y tenía la esperanza de que sus hijos adquirieran una cultura mayor que la suya. Resulta hermoso ver cómo acompañaba a sus hijos en sus primeros pasos con la lectura y la escritura, repasando cada tarde con ellos los libros escolares a la luz de una vela en la cocina. Queriendo ayudar y aprender al mismo tiempo.
Sin embargo, para el pequeño Paul y sus amigos la entrada en la escuela a los seis años no fue nada atractiva. A diferencia de los recuerdos callejeros, donde predominaban los juegos y una vida social muy rica, la escuela estaba dominada por el miedo, los castigos y la disciplina ciega, aspectos que impedían cualquier posibilidad de pensamiento libre y aprendizaje:
"Il y avait une seule chose dont nous avions tous horreur: l'école; à cause des maîtres qui pour la plupart s'y comportaient de façon extrêmement sadique. L'école était le grand monstre auquel nous essayions d'échapper à chaque occasion. Il faut dire qu'on nous frappait tout le temps. Certains instituteurs se faisaient un plaisir de se promener dans la classe avec une baguette. Nous devions répondre à leurs questions en présentant nos mains ouvertes. Lorsque la réponse n'était pas assez rapide, ils nous tapaient dessus.
La peur nous empêchait de penser et d'apprendre. À tel point qu'une année, nous avions decidé à trois ou quatre copains de tout faire pour éviter un certain instituteur. Nous nous étions donné le mot de ne pas passer dans la classe supérieure parce que le maître était un homme sadique et très méchant. Il traitait les enfants comme des bêtes et ne savait faire qu'une chose: cogner. Par conséquent, nous faisions exprès de négliger les leçons afin de pouvoir redoubler. Ce que nous avons réussi à faire!
Nous appelions les maîtres d'écoles 'les signes', pour la simple raison que des poils noirs poussaient sur les mains, et parfois même sur le bout de leurs doigts. Pour nous, ce n'étaient pas des hommes et nous ne pensions qu'à une seule chose, leur faire front. D'ailleurs, nul ne songeait à apprendre tant nous étions habités par la peur.
À cette époque, l'enseignement était si mauvais et rébarbatif qu'on peut se demander comment un être humain pouvait réussir à en tirer quelque chose. Il arrivait parfois, rarement cependant, qu'un maitre d'école ne nous frappe pas à tout bout de champ. Il gagnait alors en popularité et nous faisait mieux apprendre.
Ensuite la guerre est arrivée..."
Paul Mattick nació en Stolpen, pero muy pronto se trasladó a Berlín junto a sus padres. Hijo de un obrero no cualificado y de una criada, pasó su infancia en Charlottenburg, un barrio popular de la capital alemana. En el primer capítulo del libro, "L'enfance et l'horreur de l'école", Mattick recrea el ambiente de los barrios populares en el Berlín del primer tercio del siglo XX, la vida de los niños en la calle, su relación con la escuela y su entrada temprana en política de la mano de su primer trabajo como aprendiz en la fábrica Siemens.
El padre del pequeño Paul, sin estudios, era un sindicalista vinculado al partido socialdemócrata alemán y tenía la esperanza de que sus hijos adquirieran una cultura mayor que la suya. Resulta hermoso ver cómo acompañaba a sus hijos en sus primeros pasos con la lectura y la escritura, repasando cada tarde con ellos los libros escolares a la luz de una vela en la cocina. Queriendo ayudar y aprender al mismo tiempo.
Sin embargo, para el pequeño Paul y sus amigos la entrada en la escuela a los seis años no fue nada atractiva. A diferencia de los recuerdos callejeros, donde predominaban los juegos y una vida social muy rica, la escuela estaba dominada por el miedo, los castigos y la disciplina ciega, aspectos que impedían cualquier posibilidad de pensamiento libre y aprendizaje:
"Il y avait une seule chose dont nous avions tous horreur: l'école; à cause des maîtres qui pour la plupart s'y comportaient de façon extrêmement sadique. L'école était le grand monstre auquel nous essayions d'échapper à chaque occasion. Il faut dire qu'on nous frappait tout le temps. Certains instituteurs se faisaient un plaisir de se promener dans la classe avec une baguette. Nous devions répondre à leurs questions en présentant nos mains ouvertes. Lorsque la réponse n'était pas assez rapide, ils nous tapaient dessus.
La peur nous empêchait de penser et d'apprendre. À tel point qu'une année, nous avions decidé à trois ou quatre copains de tout faire pour éviter un certain instituteur. Nous nous étions donné le mot de ne pas passer dans la classe supérieure parce que le maître était un homme sadique et très méchant. Il traitait les enfants comme des bêtes et ne savait faire qu'une chose: cogner. Par conséquent, nous faisions exprès de négliger les leçons afin de pouvoir redoubler. Ce que nous avons réussi à faire!
Nous appelions les maîtres d'écoles 'les signes', pour la simple raison que des poils noirs poussaient sur les mains, et parfois même sur le bout de leurs doigts. Pour nous, ce n'étaient pas des hommes et nous ne pensions qu'à une seule chose, leur faire front. D'ailleurs, nul ne songeait à apprendre tant nous étions habités par la peur.
À cette époque, l'enseignement était si mauvais et rébarbatif qu'on peut se demander comment un être humain pouvait réussir à en tirer quelque chose. Il arrivait parfois, rarement cependant, qu'un maitre d'école ne nous frappe pas à tout bout de champ. Il gagnait alors en popularité et nous faisait mieux apprendre.
Ensuite la guerre est arrivée..."
miércoles, 16 de enero de 2013
Contra la demonización de la clase obrera... con Owen Jones
Leo en las páginas de El País una reseña del libro Chavs: la demonización de la clase obrera, publicado en España por la editorial Capitán Swing. Su joven autor, Owen Jones, apunta una tesis de gran interés: “Pretendo desmontar los mitos (asentados en más de tres lustros de
bonanza económica) de que ‘ahora todos somos de clase media’, que la
división de clases es anticuada y que la creciente desigualdad es
producto de los fallos del individuo”.
Entre las estrategias que ha venido usando el capitalismo neoliberal para justificar sus políticas de despiece de la propiedad social y pública, está la construcción de un estereotipo peyorativo que reduce la clase obrera a una "especie irresponsable, indeseable y parásita". Un estereotipo construido con la ayuda de las élites políticas y los medios de formación de masas. De esta manera, "la pobreza y el paro ya no son percibidos como problemas sociales, sino en relación con los defectos individuales: si la gente es pobre, es porque es vaga. ¿Para qué tener entonces un Estado del Bienestar?”.
[En ocasiones, escucho en los centros de enseñanza comentarios que hacen uso de este estereotipo y críticas feroces, por ejemplo, a adolescentes de clase trabajadora que cursan módulos de formación profesional inicial. Se les considera parásitos que sólo estudian para obtener la beca que se les da por reincorporase al sistema de enseñanza. Otras veces la indignación se dirige hacia la política de becas en general, hacia las ayudas sociales o hacia los subsidios a los trabajadores del campo. Todo el mundo parece conocer un caso particular de aprovechamiento indeseable que acaba generalizándose al conjunto de los más desfavorecidos, de la clase trabajadora más precaria. Una mirada inquisidora e individualizada que no ayuda a ver el problema social en su conjunto.]
Plantea Jones que “vivimos en una era de reacción y derrota” y que urge “recuperar una voz para la clase obrera, aquella que hace tres décadas trabajaba en la mina, las fábricas y los muelles y que hoy lo hace en supermercados, call centers o cafés”. Para esta lucha no se muestra muy de acuerdo en que el papel de los sindicatos haya llegado a su fin, sino más bien al contrario: “¿Por qué es anticuado querer que los trabajadores se unan y se apoyen?”.
Entre las estrategias que ha venido usando el capitalismo neoliberal para justificar sus políticas de despiece de la propiedad social y pública, está la construcción de un estereotipo peyorativo que reduce la clase obrera a una "especie irresponsable, indeseable y parásita". Un estereotipo construido con la ayuda de las élites políticas y los medios de formación de masas. De esta manera, "la pobreza y el paro ya no son percibidos como problemas sociales, sino en relación con los defectos individuales: si la gente es pobre, es porque es vaga. ¿Para qué tener entonces un Estado del Bienestar?”.
[En ocasiones, escucho en los centros de enseñanza comentarios que hacen uso de este estereotipo y críticas feroces, por ejemplo, a adolescentes de clase trabajadora que cursan módulos de formación profesional inicial. Se les considera parásitos que sólo estudian para obtener la beca que se les da por reincorporase al sistema de enseñanza. Otras veces la indignación se dirige hacia la política de becas en general, hacia las ayudas sociales o hacia los subsidios a los trabajadores del campo. Todo el mundo parece conocer un caso particular de aprovechamiento indeseable que acaba generalizándose al conjunto de los más desfavorecidos, de la clase trabajadora más precaria. Una mirada inquisidora e individualizada que no ayuda a ver el problema social en su conjunto.]
Plantea Jones que “vivimos en una era de reacción y derrota” y que urge “recuperar una voz para la clase obrera, aquella que hace tres décadas trabajaba en la mina, las fábricas y los muelles y que hoy lo hace en supermercados, call centers o cafés”. Para esta lucha no se muestra muy de acuerdo en que el papel de los sindicatos haya llegado a su fin, sino más bien al contrario: “¿Por qué es anticuado querer que los trabajadores se unan y se apoyen?”.
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