Charles Reeve es un viajero atento y alejado de las tropas de turistas. Un viajero que allí donde va anota la descomposición que produce el capitalismo, pero que siempre tiene un ojo puesto para observar los lugares y las personas desde donde brota la resistencia. Hace unas semanas visitó Santiago de Compostela y encontró uno de estos lugares y algunas de estas personas en el Museo Fundación Eugenio Granell, un lugar único que no aparece en las guías y que las masas de peregrinos ignoran. La crónica de este encuentro la recoge en un precioso artículo donde repasa la vida y la obra del pintor surrealista y revolucionario:
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miércoles, 9 de agosto de 2017
domingo, 25 de septiembre de 2016
Desprecio vs. reverencia por la vida... Leyendo a Lewis Mumford
"...pues incluso el uso de la energía atómica en tiempo de paz debería ser motivo de una grave preocupación. A este respecto, no me tranquilizan en absoluto las sedantes explicaciones que ha ofrecido nuestra Comisión de la Energía Atómica. Está claro que la historia de la contaminación industrial ordinaria no nos da motivo para la confianza: nuestra infantil falta de previsión bajo el entusiasmo de la novedad, nuestro desprecio por la salud cuando están en juego los beneficios, nuestra falta de reverencia por la vida, incluso si es la nuestra, siguen envenenando la atmósfera de todas las zonas industriales y convirtiendo los arroyos y los ríos, por no hablar del aire que respiramos, en inadecuados para la vida orgánica. La gente que ahora propone el uso a gran escala de la energía atómica es la misma gente que aún no ha hecho un esfuerzo, hablando en términos tecnológicos, por librarse del letal monóxido de carbono que expulsan los automóviles, la misma gente cuyas fábricas exponen a los habitantes de las zonas industriales a un aire contaminado con prácticamente todas las sustancias cancerígenas conocidas"
Estas palabras forman parte del discurso que Lewis Mumford pronunció en 1955 en un Congreso sobre el papel del hombre en la transformación de la faz de la tierra. Su título es "El futuro abierto" y buena parte de los temas y preocupaciones que señalaba el pensador norteamericano hace sesenta años están presentes en las clases con mis alumnos de ciencias sociales, geografía e historia: los peligros de la energía nuclear, la fragilidad de la vida en el planeta, la contaminación atmosférica, la omnipresencia del automóvil en nuestra movilidad, la primacía del beneficio económico sobre la salud, las contradicciones de los avances tecnológicos, el infantilismo y consumismo de nuestras sociedades, la necesidad de cuidar nuestro aire, nuestros arroyos y nuestros ríos...
Para que podamos mirar con cierto optimismo ese futuro abierto, la reverencia tiene que ir ganándole terreno al desprecio por la vida. En este sentido, la educación puede ser una herramienta de gran valor.
[El discurso forma parte de la estupenda colección de Ensayos, interpretaciones y pronósticos que ha publicado recientemente la editorial Pepitas de calabaza].
Estas palabras forman parte del discurso que Lewis Mumford pronunció en 1955 en un Congreso sobre el papel del hombre en la transformación de la faz de la tierra. Su título es "El futuro abierto" y buena parte de los temas y preocupaciones que señalaba el pensador norteamericano hace sesenta años están presentes en las clases con mis alumnos de ciencias sociales, geografía e historia: los peligros de la energía nuclear, la fragilidad de la vida en el planeta, la contaminación atmosférica, la omnipresencia del automóvil en nuestra movilidad, la primacía del beneficio económico sobre la salud, las contradicciones de los avances tecnológicos, el infantilismo y consumismo de nuestras sociedades, la necesidad de cuidar nuestro aire, nuestros arroyos y nuestros ríos...
Para que podamos mirar con cierto optimismo ese futuro abierto, la reverencia tiene que ir ganándole terreno al desprecio por la vida. En este sentido, la educación puede ser una herramienta de gran valor.
[El discurso forma parte de la estupenda colección de Ensayos, interpretaciones y pronósticos que ha publicado recientemente la editorial Pepitas de calabaza].
Para Alfonso
sábado, 3 de enero de 2015
Ensanchar curiosidades y no estrecharlas, leyendo a Manuel Azaña
Manuel Azaña recrea en la novela El jardín de los frailes su paso por el colegio de los agustinos de San Lorenzo de El Escorial en los años finales del siglo XIX. Y no es que salgan muy bien parados estos frailes respecto a su rígida propuesta pedagógica. Quizá, desde entonces, le quedara claro a Azaña la necesidad de limitar el poder de la Iglesia en materia de educación:
"La vida intelectual robusta no podía empezar justamente hasta salir del colegio. Todo cuanto en él adquiríamos era para olvidarlo en el punto de llegar a hombres. Tantos programas y libros, tantas clases, tantos exámenes no eran sino para ganar ciertas habilidades de orangután domesticado, habilidades caedizas, de las que nadie volvería a pedirnos cuenta en la vida. Esfuerzo que empleásemos en adquirirlas, esfuerzo perdido. Nuestra inteligencia era menos pueril de lo que pensaban los frailes; afectábamos un candor, una docilidad de entendimiento que en el fondo no teníamos. Los frailes, sin recatarse, estrechaban el campo que nuestra curiosidad mejor estimulada hubiera debido explorar".
Como casi siempre, pensar a la contra puede iluminarnos. Lo que deberíamos evitar en la escuela pública: domesticar a los estudiantes con habilidades inútiles, inculcarles dogmas y docilidad, estrechar sus curiosidades.
"La vida intelectual robusta no podía empezar justamente hasta salir del colegio. Todo cuanto en él adquiríamos era para olvidarlo en el punto de llegar a hombres. Tantos programas y libros, tantas clases, tantos exámenes no eran sino para ganar ciertas habilidades de orangután domesticado, habilidades caedizas, de las que nadie volvería a pedirnos cuenta en la vida. Esfuerzo que empleásemos en adquirirlas, esfuerzo perdido. Nuestra inteligencia era menos pueril de lo que pensaban los frailes; afectábamos un candor, una docilidad de entendimiento que en el fondo no teníamos. Los frailes, sin recatarse, estrechaban el campo que nuestra curiosidad mejor estimulada hubiera debido explorar".
Como casi siempre, pensar a la contra puede iluminarnos. Lo que deberíamos evitar en la escuela pública: domesticar a los estudiantes con habilidades inútiles, inculcarles dogmas y docilidad, estrechar sus curiosidades.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Harina y cereal
Almedinilla.
Subbética de Córdoba. Hice estas dos fotografías mientras caminaba con estudiantes hacia el Ecomuseo del río Caicena. No vendrían mal aulas de este tipo para afrontar la profunda crisis ecológica y social en la que nos encontramos.
sábado, 23 de febrero de 2013
Poesía, vitalidad y amor: aprender por el ejemplo. La (A) en la pizarra (I)
[Inicio aquí una serie de breves notas de lectura alrededor del libro La (A) en la pizarra, una colección de escritos anarquistas sobre educación, editados en 2011 por La Malatesta.]
Algunas de las ideas que –desde el siglo XIX– defendían los anarquistas en educación están ya incorporadas a la pedagogía progresista actual. Sirva de ejemplo la coeducación, la necesidad de atender a la diversidad del alumnado o la importancia de impulsar prácticas de aprendizaje cooperativo en el aula y fuera de ella (otra cosa muy distinta es que estos principios se practiquen con seriedad en la escuela pública española del siglo XXI).
Además de por conocer sus propuestas pedagógicas concretas, hay tres motivos por los que me gusta especialmente releer a los clásicos anarquistas. El primero es su lenguaje cargado de poesía, un lenguaje capaz de crear atmósferas e imágenes potentes que nos ayudan a visualizar otra educación posible. El segundo, la vitalidad, la confianza plena en que cuando los seres humanos se juntan a trabajar y a cooperar pueden conseguir cambiar sus vidas. Y, por último, el vínculo especial que tejen entre el amor a la infancia y el amor al saber. Es desde estos dos amores desde donde parte toda enseñanza verdadera.
Y es que la radicalidad de sus propuestas está no sólo en sus contenidos, sino en la misma forma de expresarlos. En El Hombre y la Tierra, por ejemplo, apuntó Elisée Reclus:
"[El maestro] debe conocer a fondo a cada uno de sus discípulos, y a la vez que practica la más equitativa imparcialidad, empleará diversos procedimientos con cada individuo. Su clase contendrá pocos individuos, no pudiendo estos ser numerosos más que en los coros, los ejercicios gimnásticos, los paseos y los juegos.
Son, no obstante, indispensables algunos camaradas en los estudios serios, porque la iniciativa individual necesita ser solicitada por el espíritu de imitación. Lo que se llama la emulación es, por su lado bueno, la necesidad natural de imitar al compañero, de saber lo que sabe, de igualarle en todo. La mayoría de los alumnos aprenderían a costa de grandes esfuerzos si hubieran de estudiar solos, sin amigos que les animaran espontáneamente por la voz, el gesto, la mímica: la manifestación de la vida de otros suscita la vida en ellos mismos; aprenden por el ejemplo más que por los hechos con que enriquecen su memoria; se forman cierto método que les acostumbra al orden en el trabajo, y se ingenian en disciplinar sus esfuerzos, en prepararse para la práctica de la ayuda mutua que será la parte más útil de su existencia. Una buena educación presupone, pues, un grupo de niños bastante considerable para que puedan entregarse a obras comunes, empresas alegres y vivamente acabadas."
Algunas de las ideas que –desde el siglo XIX– defendían los anarquistas en educación están ya incorporadas a la pedagogía progresista actual. Sirva de ejemplo la coeducación, la necesidad de atender a la diversidad del alumnado o la importancia de impulsar prácticas de aprendizaje cooperativo en el aula y fuera de ella (otra cosa muy distinta es que estos principios se practiquen con seriedad en la escuela pública española del siglo XXI).
Además de por conocer sus propuestas pedagógicas concretas, hay tres motivos por los que me gusta especialmente releer a los clásicos anarquistas. El primero es su lenguaje cargado de poesía, un lenguaje capaz de crear atmósferas e imágenes potentes que nos ayudan a visualizar otra educación posible. El segundo, la vitalidad, la confianza plena en que cuando los seres humanos se juntan a trabajar y a cooperar pueden conseguir cambiar sus vidas. Y, por último, el vínculo especial que tejen entre el amor a la infancia y el amor al saber. Es desde estos dos amores desde donde parte toda enseñanza verdadera.
Y es que la radicalidad de sus propuestas está no sólo en sus contenidos, sino en la misma forma de expresarlos. En El Hombre y la Tierra, por ejemplo, apuntó Elisée Reclus:
"[El maestro] debe conocer a fondo a cada uno de sus discípulos, y a la vez que practica la más equitativa imparcialidad, empleará diversos procedimientos con cada individuo. Su clase contendrá pocos individuos, no pudiendo estos ser numerosos más que en los coros, los ejercicios gimnásticos, los paseos y los juegos.
Son, no obstante, indispensables algunos camaradas en los estudios serios, porque la iniciativa individual necesita ser solicitada por el espíritu de imitación. Lo que se llama la emulación es, por su lado bueno, la necesidad natural de imitar al compañero, de saber lo que sabe, de igualarle en todo. La mayoría de los alumnos aprenderían a costa de grandes esfuerzos si hubieran de estudiar solos, sin amigos que les animaran espontáneamente por la voz, el gesto, la mímica: la manifestación de la vida de otros suscita la vida en ellos mismos; aprenden por el ejemplo más que por los hechos con que enriquecen su memoria; se forman cierto método que les acostumbra al orden en el trabajo, y se ingenian en disciplinar sus esfuerzos, en prepararse para la práctica de la ayuda mutua que será la parte más útil de su existencia. Una buena educación presupone, pues, un grupo de niños bastante considerable para que puedan entregarse a obras comunes, empresas alegres y vivamente acabadas."
sábado, 19 de enero de 2013
Contra la demonización de la clase obrera (II)
Copio de la introducción del libro de Owen Jones. Claro y contundente:
"En la raíz de la demonización de la gente trabajadora está el legado de una auténtica lucha de clases británica. El ascenso al poder de Margaret Thatcher en 1979 marcó el comienzo de un asalto total a los pilares de la clase trabajadora británica. Sus instituciones, como los sindicatos y las viviendas de protección oficial, fueron desmanteladas; se liquidaron sus industrias, de las manufacturas a la minería; sus comunidades quedaron, en algunos casos, destrozadas y nunca más se recuperaron; y sus valores, como la solidaridad y la aspiración colectiva, fueron barridos en aras de un férreo individualismo. Despojada de su poder y ya no vista como una orgullosa identidad, la clase trabajadora fue cada vez más ridiculizada, menospreciada y utilizada como chivo expiatorio. Estas ideas se han impuesto, en parte, por la expulsión de la gente de clase trabajadora del mundo de la política y de los medios de comunicación.
Los políticos, especialmente los del Partido Laborista, antiguamente hablaban de mejorar las condiciones de la clase obrera. Pero el consenso actual solo gira en torno a escapar de la clase trabajadora. Los discursos de los políticos están salpicados de promesas para ampliar la clase media. La 'aspiración' se ha redefinido hasta significar enriquecimiento personal: trepar por la escala social y convertirse en clase media. Problemas sociales como la pobreza y el desempleo en otro tiempo eran considerados injusticias derivadas de fallos internos del capitalismo que, como mínimo, debían abordarse. Pero hoy se han empezado a considerar consecuencias del comportamiento personal, de defectos individuales e incluso de una elección"
[La tarea es ardua: recuperar viejas tradiciones de lucha para inventar algo diferente; nuevas instituciones, nuevos trabajos –con un lugar destacado a los empleos verdes y de cuidados–, comunidades y valores nuevos que, apoyándose en la vieja solidaridad de clase y en el apoyo mutuo, nos ayuden a construir una sociedad más igualitaria y libre]
"En la raíz de la demonización de la gente trabajadora está el legado de una auténtica lucha de clases británica. El ascenso al poder de Margaret Thatcher en 1979 marcó el comienzo de un asalto total a los pilares de la clase trabajadora británica. Sus instituciones, como los sindicatos y las viviendas de protección oficial, fueron desmanteladas; se liquidaron sus industrias, de las manufacturas a la minería; sus comunidades quedaron, en algunos casos, destrozadas y nunca más se recuperaron; y sus valores, como la solidaridad y la aspiración colectiva, fueron barridos en aras de un férreo individualismo. Despojada de su poder y ya no vista como una orgullosa identidad, la clase trabajadora fue cada vez más ridiculizada, menospreciada y utilizada como chivo expiatorio. Estas ideas se han impuesto, en parte, por la expulsión de la gente de clase trabajadora del mundo de la política y de los medios de comunicación.
Los políticos, especialmente los del Partido Laborista, antiguamente hablaban de mejorar las condiciones de la clase obrera. Pero el consenso actual solo gira en torno a escapar de la clase trabajadora. Los discursos de los políticos están salpicados de promesas para ampliar la clase media. La 'aspiración' se ha redefinido hasta significar enriquecimiento personal: trepar por la escala social y convertirse en clase media. Problemas sociales como la pobreza y el desempleo en otro tiempo eran considerados injusticias derivadas de fallos internos del capitalismo que, como mínimo, debían abordarse. Pero hoy se han empezado a considerar consecuencias del comportamiento personal, de defectos individuales e incluso de una elección"
[La tarea es ardua: recuperar viejas tradiciones de lucha para inventar algo diferente; nuevas instituciones, nuevos trabajos –con un lugar destacado a los empleos verdes y de cuidados–, comunidades y valores nuevos que, apoyándose en la vieja solidaridad de clase y en el apoyo mutuo, nos ayuden a construir una sociedad más igualitaria y libre]
martes, 25 de diciembre de 2012
Vivir sin enterarse de nada
Barrio humilde del sur de España. Algunos chicos de entre quince y dieciséis años hablan con desprecio de los inmigrantes, pintan en sus cuadernos la bandera española con el águila y escriben debajo "Viva Franco". Cuando les pregunto el porqué, responden con consignas y frases hechas aprendidas no sé dónde. Son afirmaciones tan simples como fáciles de desmontar con argumentos racionales y con datos objetivos, pero inamovibles en mentes que buscan eslóganes recurrentes y chivos expiatorios. Viene todo esto al caso porque me he encontrado en la última novela de Paul Auster, Diario de invierno, con el siguiente pasaje:
"Un domingo por la tarde, a finales de primavera, yendo por la calle Carroll hacia la estación de metro de Smith, te detuviste un par de minutos para ver un partido de hockey sobre patines que se desarrollaba en la superficie de asfalto de Carroll Park y entonces observaste, colgada en la valla de tela metálica que rodeaba el parque, una gran bandera nazi, roja, blanca y negra. Entraste en el parque, encontraste al chaval de dieciséis años que la había puesto (el entrenador de uno de los equipos) y le dijiste que la quitara de allí. Perplejo, sin entender en absoluto por qué le pedías una cosa así, te escuchó mientras le explicabas lo que representaba aquella bandera, y cuando te oyó hablar de los horrores de Hitler y de la matanza de millones de inocentes, pareció sinceramente avergonzado. 'No lo sabía', contestó. 'Yo creí que molaba mucho'. En vez de preguntarle cómo había hecho para vivir hasta entonces sin enterarse de nada, esperaste a que quitara la bandera y proseguiste tu camino hacia el metro".
[Creo que la escuela pública es de los pocos sitios donde los chavales todavía pueden enterarse de algo. Defendámosla]
"Un domingo por la tarde, a finales de primavera, yendo por la calle Carroll hacia la estación de metro de Smith, te detuviste un par de minutos para ver un partido de hockey sobre patines que se desarrollaba en la superficie de asfalto de Carroll Park y entonces observaste, colgada en la valla de tela metálica que rodeaba el parque, una gran bandera nazi, roja, blanca y negra. Entraste en el parque, encontraste al chaval de dieciséis años que la había puesto (el entrenador de uno de los equipos) y le dijiste que la quitara de allí. Perplejo, sin entender en absoluto por qué le pedías una cosa así, te escuchó mientras le explicabas lo que representaba aquella bandera, y cuando te oyó hablar de los horrores de Hitler y de la matanza de millones de inocentes, pareció sinceramente avergonzado. 'No lo sabía', contestó. 'Yo creí que molaba mucho'. En vez de preguntarle cómo había hecho para vivir hasta entonces sin enterarse de nada, esperaste a que quitara la bandera y proseguiste tu camino hacia el metro".
[Creo que la escuela pública es de los pocos sitios donde los chavales todavía pueden enterarse de algo. Defendámosla]
martes, 23 de octubre de 2012
La promoción de la desigualdad y la destrucción del tejido social... Fragmento de una entrevista a Amin Maalouf
El escritor libanés está presentando en España su nueva novela, Los desorientados. Es entrevistado en las páginas de El País y anoto en mi cuaderno la parte final de la conversación:
En Los desorientados, hay un momento en el que alguien dice: “El país del que tengo nostalgia no es el pasado, es el porvenir”. Maalouf cree que su generación tiene razones para la nostalgia. “Se es nostálgico de todos los sueños que se han tenido y no se han realizado”, dice. “Y hay ideales indispensables que nosotros hemos tenido y ahora son rechazados: los de solidaridad y de igualdad. Estamos en un mundo donde la desigualdad es promocionada como una forma de modernidad. Aún estamos en la resaca de la debacle del comunismo: se continúa considerando que todos los valores que fueron predicados, y luego travestidos, por la experiencia comunista deben ser invertidos. Esa es una receta para la destrucción del tejido social. Haría falta que el péndulo volviera al centro: ha ido de un extremo a otro y debería volver al centro”. Entrevista completa.
En Los desorientados, hay un momento en el que alguien dice: “El país del que tengo nostalgia no es el pasado, es el porvenir”. Maalouf cree que su generación tiene razones para la nostalgia. “Se es nostálgico de todos los sueños que se han tenido y no se han realizado”, dice. “Y hay ideales indispensables que nosotros hemos tenido y ahora son rechazados: los de solidaridad y de igualdad. Estamos en un mundo donde la desigualdad es promocionada como una forma de modernidad. Aún estamos en la resaca de la debacle del comunismo: se continúa considerando que todos los valores que fueron predicados, y luego travestidos, por la experiencia comunista deben ser invertidos. Esa es una receta para la destrucción del tejido social. Haría falta que el péndulo volviera al centro: ha ido de un extremo a otro y debería volver al centro”. Entrevista completa.
martes, 10 de julio de 2012
Lo importante
"–Markov no era importante –dijo ella–. Yo no soy importante. Tú no eres importante. Ganar la guerra es lo único importante.
–No –dije yo–. No estoy de acuerdo. Markov era importante. Como lo soy yo y lo eres tú. Por eso tenemos que ganar".
Las grandes ideas y las grandes causas sirven de muy poco si no amparan bajo su sombra a cada uno y a cada una de los que las defienden, incluidos los muertos. Cuando un alto mando militar, un banquero, un cargo político o un líder religioso ven a las personas como medios para conseguir un fin, como cifras para alcanzar un objetivo y unos resultados o como mártires para alcanzar un paraíso, no están entendiendo lo que es realmente importante y no merecen el más mínimo esfuerzo en su favor.
No hay lucha que merezca la pena sin memoria y no hay revolución más hermosa que la que enarbola la bandera del amor a la vida, a la vida digna. Amor que ha de incluir no sólo a los seres humanos, sino también al conjunto de seres vivos que habitan con nosotros el planeta, desde el renacuajo en su charca hasta el alerce del bosque.
lunes, 7 de mayo de 2012
Contra los charlatanes: lectura y rebeldía
Asistí hace unos días a unas jornadas de fomento de la lectura y bibliotecas escolares. Hojeando alguno de los materiales que se nos entregó, me encuentro con esta cita de la antropóloga y socióloga francesa Michèle Petit:
"No es que leer lo haga a uno virtuoso, no hay que ser ingenuo: es sabido que la historia es prolija en tiranos o perversos letrados. Pero leer puede volverlo a uno algo rebelde, e infundirle la idea de que es posible apartarse del camino que habían trazado otros, escoger la propia ruta, su propia manera de decir; tener derecho a tomar decisiones y participar en un devenir compartido, en vez de siempre remitirse a los demás. Estar familiarizado con los juegos del lenguaje permite estar menos desprotegido ante cualquier charlatán que pase por ahí y proponga curarle a uno heridas con una retórica simplista.
Lo que está en juego en el desarrollo de la lectura, en particular entre los jóvenes hombres y mujeres para los que leer no es algo natural, no me parece reducirse a una cuestión 'social'. Lo que está en juego creo yo que atañe a la ciudadanía, a la democratización profunda de una sociedad".
[En Nuevos acercamientos a los jóvenes la lectura. México, FCE, Espacios para la Lectura, 1999]
"No es que leer lo haga a uno virtuoso, no hay que ser ingenuo: es sabido que la historia es prolija en tiranos o perversos letrados. Pero leer puede volverlo a uno algo rebelde, e infundirle la idea de que es posible apartarse del camino que habían trazado otros, escoger la propia ruta, su propia manera de decir; tener derecho a tomar decisiones y participar en un devenir compartido, en vez de siempre remitirse a los demás. Estar familiarizado con los juegos del lenguaje permite estar menos desprotegido ante cualquier charlatán que pase por ahí y proponga curarle a uno heridas con una retórica simplista.
Lo que está en juego en el desarrollo de la lectura, en particular entre los jóvenes hombres y mujeres para los que leer no es algo natural, no me parece reducirse a una cuestión 'social'. Lo que está en juego creo yo que atañe a la ciudadanía, a la democratización profunda de una sociedad".
[En Nuevos acercamientos a los jóvenes la lectura. México, FCE, Espacios para la Lectura, 1999]
sábado, 14 de abril de 2012
Franquismo: dictadura sanguinaria
"El público español en general, y no hablemos de los jóvenes que no llegan a la Universidad, ignora mayoritariamente que la dictadura franquista fue, descontando las víctimas ocasionadas por la guerra mundial en los casos alemán e italiano, la segunda más sanguinaria de Europa, muy por delante de la italiana". [Ángel Viñas, en la introducción a En el combate por la historia, Pasado & Presente, Madrid, 2012]
Me daría con un canto en los dientes si, al finalizar el curso, los jóvenes a los que doy clases de historia se llevaran un puñado de ideas claras y, entre ellas, el carácter dictatorial y sanguinario del franquismo.
Me daría con un canto en los dientes si, al finalizar el curso, los jóvenes a los que doy clases de historia se llevaran un puñado de ideas claras y, entre ellas, el carácter dictatorial y sanguinario del franquismo.
sábado, 1 de octubre de 2011
Tres apuntes
Uno. Me llega un correo de la querida Pepitas de calabaza anunciando una novedad editorial: la segunda parte de los Diarios (2004-2007) de Iñaki Uriarte. En una de las entradas de esos diarios el escritor apunta: "Esencia del pensamiento conservador: creer en las elites, creer que hay personas mejores que
otras y que se merecen más. Y lo que suele ser risible: creer que tú eres una
de ellas. [...]"
Dos. Compro para la biblioteca del instituto Cometas en el cielo de Khaled Hosseini. El libro, que está dedicado a Haris y Farah y a los niños de Afganistán, comienza así: "Diciembre de 2001. Me convertí en lo que soy hoy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. Recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado. De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a zarpazos. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta de que llevo los últimos veintiseis años observando a hurtadillas ese callejón desierto."
Tres. Recibo el último número de Quaderns d'educació continua: Històries de vida i emancipació, coordinado por Ignacio Rivas de la Universidad de Málaga. Se trata de un conjunto de historias de vidas que están narradas desde la diferencia, la exclusión o la marginalidad y la resistencia, mostrando al mismo tiempo la posibilidad de la transformación de la realidad. He colaborado con el relato de Pedro Barrio: "Fulls d'ametllers, llibres i paraigües. Història de vida d'un obrer anarquista" ("Hojas de almendros, libros y paraguas. Historia de vida de un obrero anarquista").
sábado, 30 de julio de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
domingo, 12 de junio de 2011
Algunos apuntes sobre conocimientos y valores
1. ¿Cuáles son los conocimientos mínimos generales que debiera adquirir todo joven al terminar su proceso de escolarización obligatoria a comienzos del siglo XXI? No sé si es demasiado exagerado decir que el 80% de lo que recogen los currículum oficiales en la enseñanza secundaria obligatoria sobra y es paja que nos impide ver el grano. Recuerdo un texto de Jaume Carbonell en el que insistía sobre la necesidad de que los conocimientos fueran relevantes y citaba a H. Gardner para poner tres ejemplos de lo que puede considerarse en la actualidad conocimiento de este tipo: la evolución (que nos permite comprender de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí), Mozart (nos enseña la faceta creadora del ser humano) y el holocausto (posiblemente ningún tema lo supere para aprender a vacunarnos contra la maldad). Sin lugar a dudas, hoy no podría faltar la crisis ecológica mundial, cuyo conocimiento científico ha de llevar aparejado un nuevo modo de habitar este planeta. Urge aprender de nuevo a relacionarnos de manera amable con la Tierra.
2. Hay –me temo– un analfabetismo más dañino aún que el que provoca la ignorancia de esos conocimientos imprescindibles que ha de poseer cualquier ciudadano. Me refiero a lo que podría denominarse analfabetismo moral, es decir, la ausencia de unos valores mínimos que otorguen un impulso moral a las gentes para luchar por un modelo de comunidad distinto al actual, si no radicalmente diferente, al menos más decente y sensato. Corrijo la frase anterior: quizá no se trate tanto de ausencia de valores como de predominio casi absoluto de un único valor: el del individualismo posesivo, que diría Michael Löwy, propio de las sociedades tardocapitalistas en las que nos encontramos. Afortunadamente, hay muestras de resistencias que nos permiten no perder la esperanza: el movimiento actual en torno al 15-M es un ejemplo ilusionante.
3. Una de las cosas que más me impresionaba al entrevistar a los viejos y viejas anarquistas que nacieron durante el primer tercio del siglo XX es el entusiasmo que transmitían a sus ochenta o noventa años. Cuando hablaban, por ejemplo, de su adolescencia y juventud resaltaban el deseo ilimitado de aprender y de adquirir saberes: "Una de las cosas que sí te quiero remachar y remarcar es ese afán que sí teníamos antes de la guerra muchos obreros, muchos trabajadores jóvenes por saber, por aprender. Eso yo ya no lo he vuelto a ver más. Ahora estudian los críos por rutina, porque es una obligación. Pero el ansia que teníamos de que se ampliara nuestro horizonte mental y nuestros conocimientos, eso era extraordinario" (Pedro Barrio). Indudablemente, ese deseo y ansia de cultura estaba ligado a la aspiración de crear una sociedad más justa y más libre.
4. Sobre elecciones morales. Libertad y responsabilidad. Leyendo una entrevista a Jorge Semprún en la que hablaba de su experiencia en el campo nazi de Buchenwald: "En el campo había un orden establecido, una disciplina de la que uno no podía salirse, pero dentro de ese marco, impuesto por los nazis, de pasar lista, de levantarse a las cuatro de la mañana, de trabajar hasta tal hora, tenía contacto con la resistencia en el campo. También es verdad que de nueva cuenta pude elegir esconderme e intentar sobrevivir al campo anónimamente, o buscar un buen puesto, ya que yo sabía alemán. Pero no: entré en contacto con la resistencia interna del campo y me di a conocer como resistente comunista. Esto, naturalmente, comportaba un riesgo adicional, pero era también una libertad adicional. Todos los días podía acostarme pensando que, al menos, había hecho esto o lo otro en beneficio de alguien. Estas acciones en general eran mínimas, pequeñas acciones de solidaridad o resistencia, pero otras veces no, como falsificar la ficha de algún compañero para que no fuera trasladado a un campo peor que el nuestro. Se falsificaba la ficha y se ponía la sigla establecida por las SS para evitar los traslados. Por ejemplo, DIKAL (Darf in Kein Anderes Lager), que significaba que el preso no podía ir a otro campo. Y así lo protegías. Claro, arriesgabas, ya que un agente de la SS podía revisar el fichero y descubrir la falsificación. Así, en el campo experimenté está segunda forma de la libertad, la resistencia interna, pero segunda libertad en el sentido de la responsabilidad, conceptos que para mí van dialécticamente unidos".
5. ¿Cuáles pueden ser los valores necesarios que debiera indagar todo joven al terminar su proceso de escolarización obligatoria a comienzos del siglo XXI? El relato de Jorge Semprún puede orientarnos en la respuesta: solidaridad, resistencia, libertad y responsabilidad.
2. Hay –me temo– un analfabetismo más dañino aún que el que provoca la ignorancia de esos conocimientos imprescindibles que ha de poseer cualquier ciudadano. Me refiero a lo que podría denominarse analfabetismo moral, es decir, la ausencia de unos valores mínimos que otorguen un impulso moral a las gentes para luchar por un modelo de comunidad distinto al actual, si no radicalmente diferente, al menos más decente y sensato. Corrijo la frase anterior: quizá no se trate tanto de ausencia de valores como de predominio casi absoluto de un único valor: el del individualismo posesivo, que diría Michael Löwy, propio de las sociedades tardocapitalistas en las que nos encontramos. Afortunadamente, hay muestras de resistencias que nos permiten no perder la esperanza: el movimiento actual en torno al 15-M es un ejemplo ilusionante.
3. Una de las cosas que más me impresionaba al entrevistar a los viejos y viejas anarquistas que nacieron durante el primer tercio del siglo XX es el entusiasmo que transmitían a sus ochenta o noventa años. Cuando hablaban, por ejemplo, de su adolescencia y juventud resaltaban el deseo ilimitado de aprender y de adquirir saberes: "Una de las cosas que sí te quiero remachar y remarcar es ese afán que sí teníamos antes de la guerra muchos obreros, muchos trabajadores jóvenes por saber, por aprender. Eso yo ya no lo he vuelto a ver más. Ahora estudian los críos por rutina, porque es una obligación. Pero el ansia que teníamos de que se ampliara nuestro horizonte mental y nuestros conocimientos, eso era extraordinario" (Pedro Barrio). Indudablemente, ese deseo y ansia de cultura estaba ligado a la aspiración de crear una sociedad más justa y más libre.
4. Sobre elecciones morales. Libertad y responsabilidad. Leyendo una entrevista a Jorge Semprún en la que hablaba de su experiencia en el campo nazi de Buchenwald: "En el campo había un orden establecido, una disciplina de la que uno no podía salirse, pero dentro de ese marco, impuesto por los nazis, de pasar lista, de levantarse a las cuatro de la mañana, de trabajar hasta tal hora, tenía contacto con la resistencia en el campo. También es verdad que de nueva cuenta pude elegir esconderme e intentar sobrevivir al campo anónimamente, o buscar un buen puesto, ya que yo sabía alemán. Pero no: entré en contacto con la resistencia interna del campo y me di a conocer como resistente comunista. Esto, naturalmente, comportaba un riesgo adicional, pero era también una libertad adicional. Todos los días podía acostarme pensando que, al menos, había hecho esto o lo otro en beneficio de alguien. Estas acciones en general eran mínimas, pequeñas acciones de solidaridad o resistencia, pero otras veces no, como falsificar la ficha de algún compañero para que no fuera trasladado a un campo peor que el nuestro. Se falsificaba la ficha y se ponía la sigla establecida por las SS para evitar los traslados. Por ejemplo, DIKAL (Darf in Kein Anderes Lager), que significaba que el preso no podía ir a otro campo. Y así lo protegías. Claro, arriesgabas, ya que un agente de la SS podía revisar el fichero y descubrir la falsificación. Así, en el campo experimenté está segunda forma de la libertad, la resistencia interna, pero segunda libertad en el sentido de la responsabilidad, conceptos que para mí van dialécticamente unidos".
5. ¿Cuáles pueden ser los valores necesarios que debiera indagar todo joven al terminar su proceso de escolarización obligatoria a comienzos del siglo XXI? El relato de Jorge Semprún puede orientarnos en la respuesta: solidaridad, resistencia, libertad y responsabilidad.
domingo, 24 de abril de 2011
Agricultura e industria
1. Tras dos unidades didácticas dedicadas al espacio rural, a las actividades agrarias y pesqueras en España, mañana comenzaremos en clase de Geografía un bloque dedicado a la industria en nuestro país. Un vistazo a los libros de texto permite apreciar que la visión es similar y uniforme en todos: mucha descripción, abundancia de terminología técnica, ausencia de mirada crítica e ideología dominante que no cuestiona para nada el mito del progreso tecnológico e industrializador. Sí es cierto que lo políticamente correcto se impone y no faltan unos párrafos finales donde se habla de desarrollo sostenible y de los problemas medioambientales.
2. Piotr Kropotkin, a finales del siglo XIX, ya lo intuía de forma clara: la agricultura y la industria son dos artes hermanas que con la Revolución Industrial se han ido alejando. La nueva sociedad libertaria ha de apoyarse en el nuevo hermanamiento de estas dos artes. El campo y la agricultura son la base de la vida. Respecto a la industria, Kropotkin apostaba por una producción descentralizada y local, por ciudades intermedias que no perdieran el contacto con el campo, talleres artesanales e industrias pequeñas con menor impacto medioambiental y mayor beneficio social. A este tipo de industrias va a dedicar el anarquista ruso dos capítulos de su libro Campos, fábricas y talleres, del que entresaco las siguientes palabras:
"Las fábricas crecieron y abandonaron los campos; se reunieron allí donde la venta de sus productos era más fácil, o donde las primeras materias y el combustible podían obtenerse con mayor ventaja.
Se erigieron ciudades, y las antiguas se ensancharon rápidamente quedándose los campos desiertos. Millones de trabajadores, arrojados materialmente de la tierra por la fuerza, acudieron a las ciudades en busca de trabajo, y olvidaron pronto los lazos que anteriormente les unían al terruño; y nosotros, desvanecidos ante los prodigios realizados por el nuevo sistema industrial, dejamos de apreciar las ventajas del antiguo, bajo el cual, el trabajador del campo era al mismo tiempo un obrero industrial. Nosotros condenamos a muerte a todas esas ramas de la industria que antes prosperaban en los pueblos pequeños, no considerando como industria todo lo que no fuera una gran fábrica.
(...)
Las naciones industriales están obligadas a retornar a la agricultura, necesitan buscar los mejores métodos de combinarla con la industria, y deben hacerlo sin pérdida de tiempo.
(...)
No hay nada mejor que estudiar la rama inmensa, aunque menospreciada y desatendida, de industrias descritas con los nombres de rurales, industrias domésticas y pequeña industria. Estudiarlas, no en las obras de los economistas, quienes se hallan demasiado inclinados a considerarlas como tipos aislados de industria, sino en su propia vida, en sus luchas, en sus fracasos y en sus éxitos."
3. Agricultura ecológica y pequeña industria. Sin lugar a dudas, dos artes hermanas, dos buenos pilares para organizar una sociedad y una economía alternativas en el siglo XXI.
2. Piotr Kropotkin, a finales del siglo XIX, ya lo intuía de forma clara: la agricultura y la industria son dos artes hermanas que con la Revolución Industrial se han ido alejando. La nueva sociedad libertaria ha de apoyarse en el nuevo hermanamiento de estas dos artes. El campo y la agricultura son la base de la vida. Respecto a la industria, Kropotkin apostaba por una producción descentralizada y local, por ciudades intermedias que no perdieran el contacto con el campo, talleres artesanales e industrias pequeñas con menor impacto medioambiental y mayor beneficio social. A este tipo de industrias va a dedicar el anarquista ruso dos capítulos de su libro Campos, fábricas y talleres, del que entresaco las siguientes palabras:
"Las fábricas crecieron y abandonaron los campos; se reunieron allí donde la venta de sus productos era más fácil, o donde las primeras materias y el combustible podían obtenerse con mayor ventaja.
Se erigieron ciudades, y las antiguas se ensancharon rápidamente quedándose los campos desiertos. Millones de trabajadores, arrojados materialmente de la tierra por la fuerza, acudieron a las ciudades en busca de trabajo, y olvidaron pronto los lazos que anteriormente les unían al terruño; y nosotros, desvanecidos ante los prodigios realizados por el nuevo sistema industrial, dejamos de apreciar las ventajas del antiguo, bajo el cual, el trabajador del campo era al mismo tiempo un obrero industrial. Nosotros condenamos a muerte a todas esas ramas de la industria que antes prosperaban en los pueblos pequeños, no considerando como industria todo lo que no fuera una gran fábrica.
(...)
Las naciones industriales están obligadas a retornar a la agricultura, necesitan buscar los mejores métodos de combinarla con la industria, y deben hacerlo sin pérdida de tiempo.
(...)
No hay nada mejor que estudiar la rama inmensa, aunque menospreciada y desatendida, de industrias descritas con los nombres de rurales, industrias domésticas y pequeña industria. Estudiarlas, no en las obras de los economistas, quienes se hallan demasiado inclinados a considerarlas como tipos aislados de industria, sino en su propia vida, en sus luchas, en sus fracasos y en sus éxitos."
3. Agricultura ecológica y pequeña industria. Sin lugar a dudas, dos artes hermanas, dos buenos pilares para organizar una sociedad y una economía alternativas en el siglo XXI.
sábado, 5 de marzo de 2011
Saber, emoción y poesía
"Y no se trata solamente del cerebro ni de la facultad de conocer y de juzgar; porque antes que un futuro médico, grabador o carpintero es el escolar un hombrecito, un estudiante, aunque no quiera, de la terrible ciencia de vivir, y faltaría la escuela a su función esencial si no inculcase al niño el sentido, el amor, el entusiasmo de la vida y de la humanidad. Desde ese punto de vista debe establecer la escuela el contacto entre el discípulo y el saber humano.
Cada rama de este saber lleva consigo su emoción y su poesía: en historia, la cadena de solidaridad que nos une a los que han poblado el mundo antes que nosotros; la curiosidad de conocer lo que han querido y creído, amado y odiado, temido y esperado; en astronomía, será la alegría orgullosa de penetrar en la marcha de los mundos y las leyes harmoniosas de sus revoluciones, la admiración ante las proporciones gigantescas de todo lo que se ofrece a nuestro estudio; en biología, la ingeniosidad infinita, los innumerables recursos de la vida, tan admirablemente semejante y diversa a la vez en cada grado de la escala; en literatura, el entusiasmo ante los actos del hombre y sus pasiones, reproducidas, exaltadas y magnificadas por el arte. Provocar en el discípulo estos diferentes órdenes de intereses y de emociones, disponerlo todo para que estas iniciaciones sucesivas tengan lugar en las mejores condiciones posibles, tal debería de ser el primero y el constante cuidado del profesor".
Charles Albert: "La libertad y la enseñanza", en el Boletín de la Escuela Moderna, nº 6, 30 de abril de 1902)
Cada rama de este saber lleva consigo su emoción y su poesía: en historia, la cadena de solidaridad que nos une a los que han poblado el mundo antes que nosotros; la curiosidad de conocer lo que han querido y creído, amado y odiado, temido y esperado; en astronomía, será la alegría orgullosa de penetrar en la marcha de los mundos y las leyes harmoniosas de sus revoluciones, la admiración ante las proporciones gigantescas de todo lo que se ofrece a nuestro estudio; en biología, la ingeniosidad infinita, los innumerables recursos de la vida, tan admirablemente semejante y diversa a la vez en cada grado de la escala; en literatura, el entusiasmo ante los actos del hombre y sus pasiones, reproducidas, exaltadas y magnificadas por el arte. Provocar en el discípulo estos diferentes órdenes de intereses y de emociones, disponerlo todo para que estas iniciaciones sucesivas tengan lugar en las mejores condiciones posibles, tal debería de ser el primero y el constante cuidado del profesor".
Charles Albert: "La libertad y la enseñanza", en el Boletín de la Escuela Moderna, nº 6, 30 de abril de 1902)
domingo, 13 de febrero de 2011
Dar clase
"Dar clase es, en el fondo, como hacer el amor. Es exaltante, agotador, todo lo que quiera, pero, en el fondo, es algo que no se hace a solas. Yo no voy a clase para soltarles mi saber. Voy para vivir con ellos durante tres cuartos de hora o una hora, a menudo mucho más, sin que se den cuenta de que el tiempo ha pasado. ¿Por qué? Porque nos encontramos bien juntos. Evidentemente, tengo una suerte inaudita: carezco de programa. Pero, a decir verdad, nunca deberíamos tener programas. Nos encontramos ahí para convivir y, de paso, para aprender cosas, porque la necesidad de conocerlas se impone con toda naturalidad. Le garantizo que pasamos así, sin problemas, de las matemáticas a la poesía. Sin duda, es necesario que el profesor esté ahí para vivir con sus alumnos. Eso es todo, y que se sienta feliz de hacerlo. No puede llegar abatido"
Albert Jacquard
martes, 4 de enero de 2011
martes, 1 de junio de 2010
Leyendo a Roberto Rossellini
Tengo entre manos un libro de entrevistas al cineasta Roberto Rossellini, El cine revelado, editado por Paidós en 2000. Me ha enganchado desde la primera página y no puedo dejar de subrayar frases y párrafos o de hacer anotaciones. Dejo aquí algunas de ellas:
"Los humanos se han apoltronado. Nadamos en el conformismo. Los términos de la dialéctica, en la discusión, representan un número de ideas extremadamente limitado, cuando vivimos en un mundo en el que las ideas cambian con una rapidez extrema. Es un fenómeno absurdo: la dialéctica se vuelve cada vez más restringida, mientras los horizontes se hacen cada vez más extensos.
En cuanto al arte, es cada vez más un medio de evasión, símbolo de decadencia. ¿Dónde se encuentran las ideas? No creo que pueda haber una alegría más grande que la de pensar, y creo que esta alegría podría difundirse más rápidamente si diéramos la oportunidad a la gente. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad que hace todo lo posible para que la gente sea superficial, incluso diría que barriobajera, siempre que no se tome esta palabra en un sentido demasiado peyorativo: hay en ellos más apatía que deshonestidad.
Yo, que vivo bastante aislado, encuentro sorprendente, cuando me pongo en contacto con la gente, descubrir que hay en circulación, no sólo ideas preconcebidas, lo que aún representaría alguna cosa, sino frases hechas. Parece que las hayan comprado en el supermercado, del mismo modo en que se compran objetos de plástico, y lo espantoso es que la mayor parte del discurso está constituida por frases de este tipo. Esto es señal de que hemos llegado a un tal grado de condicionamiento que ya no somos capaces de ninguna alegría, de ninguna ansia por descubrir".
[...]
"Cuando Marx discute con Weitling, dice que la ignorancia no sirve de nada y que un profeta iluminado que habla a un rebaño de asnos que le escucha boquiabierto es completamente inútil. Lo que es importante es proporcionar a la gente los elementos para que puedan entender. Y esto es lo que yo intento hacer"
[Estas declaraciones fueron recogidas en Cahiers du cinéma (julio de 1962) y Filmcritica (mayo-junio de 1976)]
Luchar contra la ignorancia, remover el apoltronamiento y el conformismo, ampliar los términos de la dialéctica, desnudar a los profetas y a los asnos, contagiar la alegría del conocimiento y del pensamiento, combatir la superficialidad, desmontar las ideas preconcebidas y las frases hechas, alimentar el ansia por descubrir, proporcionar elementos para entender...Me parece que estos principios constituyen un buen punto de partida para preparar el guión y el rodaje de un proyecto educativo libertario.
"Los humanos se han apoltronado. Nadamos en el conformismo. Los términos de la dialéctica, en la discusión, representan un número de ideas extremadamente limitado, cuando vivimos en un mundo en el que las ideas cambian con una rapidez extrema. Es un fenómeno absurdo: la dialéctica se vuelve cada vez más restringida, mientras los horizontes se hacen cada vez más extensos.
En cuanto al arte, es cada vez más un medio de evasión, símbolo de decadencia. ¿Dónde se encuentran las ideas? No creo que pueda haber una alegría más grande que la de pensar, y creo que esta alegría podría difundirse más rápidamente si diéramos la oportunidad a la gente. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad que hace todo lo posible para que la gente sea superficial, incluso diría que barriobajera, siempre que no se tome esta palabra en un sentido demasiado peyorativo: hay en ellos más apatía que deshonestidad.
Yo, que vivo bastante aislado, encuentro sorprendente, cuando me pongo en contacto con la gente, descubrir que hay en circulación, no sólo ideas preconcebidas, lo que aún representaría alguna cosa, sino frases hechas. Parece que las hayan comprado en el supermercado, del mismo modo en que se compran objetos de plástico, y lo espantoso es que la mayor parte del discurso está constituida por frases de este tipo. Esto es señal de que hemos llegado a un tal grado de condicionamiento que ya no somos capaces de ninguna alegría, de ninguna ansia por descubrir".
[...]
"Cuando Marx discute con Weitling, dice que la ignorancia no sirve de nada y que un profeta iluminado que habla a un rebaño de asnos que le escucha boquiabierto es completamente inútil. Lo que es importante es proporcionar a la gente los elementos para que puedan entender. Y esto es lo que yo intento hacer"
[Estas declaraciones fueron recogidas en Cahiers du cinéma (julio de 1962) y Filmcritica (mayo-junio de 1976)]
Luchar contra la ignorancia, remover el apoltronamiento y el conformismo, ampliar los términos de la dialéctica, desnudar a los profetas y a los asnos, contagiar la alegría del conocimiento y del pensamiento, combatir la superficialidad, desmontar las ideas preconcebidas y las frases hechas, alimentar el ansia por descubrir, proporcionar elementos para entender...Me parece que estos principios constituyen un buen punto de partida para preparar el guión y el rodaje de un proyecto educativo libertario.
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