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domingo, 15 de octubre de 2017

...ni banderas!

"El anarquismo es una senda muy maravillosa, pero muy escabrosa para pasarla. ¡Pero que hay que cogerla! y una vez que estás dentro no la puedes soltar, te embriaga, te emborracha [...] El anarquismo es amor, libertad, igualdad, humanidad de todas las condiciones. ¡Ni fronteras, ni color, ni raza, ni banderas!"
Carmen Mesa

(Entrevista en Valencia, 28/X/1999. En Sociología y anarquismo, p. 255)

 

domingo, 23 de julio de 2017

Anarcofeminismo: las mujeres libres que el franquismo siempre quiso ocultarnos


    •    Se cumplen 80 años de la creación de la Federación Mujeres Libres que luchó por la emancipación durante la República y la Guerra Civil.
    •    Para conmemorarlo, la CGT organiza unas charlas en septiembre.
    •    Amparo Poch y Gascón, Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada fueron tres pioneras en este movimiento de libertarias.

 
 

domingo, 20 de octubre de 2013

Alumnado y participación en la escuela

     Junto a las salidas al campo y el contacto con la naturaleza, una de las características importantes en la pedagogía libertaria era y es la participación de los propios chicos y chicas en la organización de la escuela. Es necesario que en la infancia y la adolescencia se vayan asumiendo progresivamente responsabilidades tanto en el proceso de su aprendizaje como en la organización y funcionamiento del centro: qué contenidos aprender, qué materiales usar, cómo organizar los espacios, cómo emplear los tiempos, cómo distribuir los gastos, qué actividades realizar, etc. Esta fue una característica de algunas escuelas racionalistas españolas y así lo recoge Eulàlia Vega en su libro sobre las mujeres anarquistas: Pioneras y revolucionarias. Mujeres libertarias durante la República, la Guerra Civil y el Franquismo. Icaria editorial, Barcelona, 2010.
     Concha Pérez fue una de estas mujeres libertarias y participó en la creación de la Escuela Eliseu Reclus de Barcelona durante la II República. En esta escuela impulsada por los hermanos Carrasquer, "se quería hacer partícipes a los alumnos y las alumnas de la gestión de la escuela, creando una cooperativa entre ellos y enseñándoles a gestionar el presupuesto destinado para gastos en material escolar. 'Tots els dies que podien sortien al camp, feien l'escola a fora. Els mateixos nens havien fer como una cooperativa, i ells es controlaven els cèntims que els hi donàvem pels gastos del material d'escola, petites coses, per comprar, partides de llapis, algunes llibretes se les feien ells allà, els hi van ensenyar com les tenien que fer. Els nanos hi anaven encantats de la vida. Tothom deia que no havia anat mai a cap escola com aquella, els pares encantats. I es pagava [...] lo que es podia. El pare que tenia tres o quatre fills i no podia, doncs pagava la meitat, si eren cinc pesetes i en tenia que pagar vint, en pagaven deu' [...] Mira, a casa meva que eren tres, pagaven com per dos perquè no érem una família que posguéssim molt. I el que podia més pagava tot. El cas és que els mestres, que eren quatre, molts mesos seèn anaven amb el jornal d'un. Lo que cobrava un mestre s'ho tenien que artir pels quatre, i encantats, eh, encantats'". (pp. 108-109)


miércoles, 9 de junio de 2010

Federica Montseny

     Federica Montseny es una figura clave del anarquismo español. Hija de dos anarquistas ilustres, Federico Urales y Soledad Gustavo, impulsores de la prestigiosa La Revista Blanca. Nació en Madrid en 1905 y murió en el exilio, en Toulouse, en 1994. Publicó numerosos artículos y novelas que ejercieron una enorme influencia en la concienciación de los militantes libertarios, del mismo modo que participó en numerosas giras de propaganda por todo el país. Defendió los principios más puros del anarquismo, pero, paradojas de la historia, se convirtió en la primera mujer ministra de la historia de nuestro país, formando parte, junto a otros tres anarquistas, del gobierno de Largo Caballero durante un breve período de la guerra civil española entre 1936-1937, como ministra de Sanidad y Asistencia Social. En estos meses, sacó adelante un decreto de despenalización del aborto pionero en nuestro país. Ya no volvería a existir otro similar hasta la ley de 1985.
     F. Montseny fue una mujer rebelde que se desmarcó de los corsés que la sociedad imponía a las mujeres en su época y que luchó tanto contra el autoritarismo patronal como contra el poder patriarcal, aunque nunca estuvo de acuerdo con la formación de asociaciones segregadas de mujeres, como es el caso de Mujeres Libres. Entre sus numerosos escritos y los que le han dedicado los investigadores, quiero recomendar tres: sus memorias (Mis primeros cuarenta años), la biografía escrita por la historiadora Susana Tavera (Federica Montseny. La indomable) y un librito que recopila sus artículos de prensa tras una gira de propaganda que realizó por diferentes localidades andaluzas en el verano de 1932 (Federica Montseny en Andalucía. Verano de 1932). También puede accederse a muy diversa documentación en la página web del Centre d'Estudis libertaris Federica Montseny, donde pueden consultarse, entre otros materiales, documentación histórica, material multimedia y prensa obrera y anarquista.
     En su viaje por Andalucía, en los últimos días de diciembre de 1932, Federica Montseny se encontraba en Granada y se dirigía a Sevilla para coger el tren que la llevaría de vuelta a Barcelona. Uno de los últimos encuentros que anotó en su cuaderno de viaje fue el siguiente:

     "Pero algo marcó nuestro viaje con un recuerdo inolvidable; el encuentro con dos campesinos en la provincia de Jaén, que descendieron en la estación de Larva y con los que charlamos largamente, buceando en sus almas y descubriendo con alegría en ellas, simples y oscuras como son, un eco inmediato y ardiente de nuestras palabras.
     ¡Pobres mujiks españoles, de enclenques tipos, de escuálidas mejillas! El uno, analfabeto en absoluto; el otro, sabiendo aún deletrrear y escribir su nombre. Le hablábamos con dulzura, con palabras sencillas, fáciles de comprender, iniciándoles ideas de asimilación rápida, comparaciones entre su mísera situación, debiendo emigrar a lejanas tierras acosados por el hambre, vendiendo siempre sus brazos, produciéndolo todo con ellos, sin tener nunca nada. Les hablábamos de la posibilidad de que las cosas fuesen mejor. Nos escuchaban con atención profunda y nos contestaban con frases que revelaban inteligencia, inquietudes morales, anhelos y rebeldías inconscientes. Les atiborramos de folletos, periódicos, todo lo que llevábamos encima. Después les hemos mandado más, ya desde casa.
     Al descender en la estación de Larva nos saludaron con entusiasmo muchas veces, no dejando la estación hasta que volvió a partir el tren, agitando sus gorrillas, sorprendidos y deslumbrados por el encuentro y la charla tenida.
     Les miraba con tanta ternura y emoción en el alma que hasta sentía mis ojos humedecerse.
     - Tienen materia para charlar un mes seguido en el pueblo. Ya ves si puede hacerse labor en esta España nuestra, en la que, en medio de la ignorancia y la miseria, florecen el ideal y la revolución como nacen las flores en un estercolero.
     ¡Oh, en el poblacho le esperaban los hijos descalzos, las mujeres flácidas, sucias, desarrapadas; las cuevas abiertas en la roca, que tienen categoría de viviendas humanas y que constituyen aldeas en esa Andalucía del Norte, hermana de las Hurdes castellanas! ¿Cómo no rebelarse: cómo no hallar eco en estas almas, por obscuras y embrutecidas que estén, nuestras palabras de amor y de redención; cómo no impresionarles con nuestra ternura y tantas frases sencillas y nuevas dichas a su oído?
     Toda, toda la obra de la revolución está ahí por hacer. Lo siento con vehemencia, con ímpetu, con todo el fuego y la voluntad de mi alma".

[Federica Montseny en Andalucía. Verano de 1932; pp. 64-65]
 
     La confianza en el papel revolucionario del campesinado, la lucha contra la ignorancia y la miseria, el contacto estrecho con los trabajadores, una propaganda muy cercana al lenguaje de las clases populares, el afán de ilustración a través de folletos, periódicos, revistas y libros, la esperanza en un futuro mejor y no muy lejano... Éstas son algunas de las constantes del ideal ácrata que entusiasmaron a tantos obreros y campesinos de nuestro país, hombres y mujeres, durante el primer tercio del siglo XX.

     En el siguiente documental, realizado por Televisión Española en 1991, Federica Montseny hace un repaso a su vida y a sus ideales, así como a los principales acontecimientos de la historia social y política de este país, de los que ella no fue una mera espectadora, sino una de sus protagonistas. 













lunes, 8 de marzo de 2010

Mujeres Libres

Entre 1936 y 1937, después de algunos años de organización y trabajo intenso, surgió formalmente en España la organización libertaria Mujeres Libres. El grupo de mujeres que la formó procedía del mundo anarcosindicalista y consideró muy necesario crear una organización propia que tratara los problemas específicos que afectaban a las mujeres. Una organización que, desde la autonomía, se consideraba hermana de las otras organizaciones anarquistas y que entendía su lucha -la liberación femenina- como una lucha paralela a la de los obreros -liberación de clase-. Mujeres Libres situaba su lucha en el marco global de la lucha contra todas las formas de dominación que el sistema capitalista impone a los seres humanos.

En las relaciones hombre-mujer, podemos apreciar uno de los puntos débiles de la práctica anarquista. Si bien es verdad que los pensadores anarquistas insistieron en la igualdad de derechos y obligaciones entre ambos sexos y otorgaron una importancia pareja a hombres y mujeres en el desarrolo revolucionario, lo cierto es que en la práctica los militantes anarquistas dejaron mucho que desear en el trato que dieron a las mujeres y en la forma en que se relacionaron con ellas. La politóloga norteamericana Martha A. Ackelsberg recoge en su libro sobre Mujeres Libres (Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres) numerosos testimonios de mujeres anarquistas que ponen de manifiesto cómo sus compañeros varones no siempre las trataron con respeto ni como a sus iguales, a pesar de sus continuas loas a la tolerancia y la igualdad.

"Todos los compañeros, tan radicales en los cafés, en los sindicatos y hasta en los grupos [de FAI], suelen dejar en la puerta de su casa el ropaje de amantes de la liberación femenina y dentro se conducen con la compañera como vulgares 'maridos'."
Así se expresaba Lola Iturbe en 1935 desde las columnas del periódico Tierra y Libertad. En el mismo sentido, Carmen Mesa -de la que ya hicimos mención en una entrada anterior-nos advirtió durante una entrevista del machismo que imperaba en muchos sindicatos anarquistas durante los años treinta del pasado siglo:
"Porque machismo había en cantidad dentro de las ideas. En los medios libertarios no admitían a las mujeres, no, la mujer a la cocina, yo lo he oído a muchos compañeros muy radicales. Y ha ido la mujer a decir algo y le ha dicho 'tú a la cocina'. [...] Mira, la mujer idealista tiene que llevar dos luchas, la lucha por el Ideal y la lucha por deshacerse del yugo del hombre, del padre, del hermano o del compañero, por muy idealista que sea [...] Había muchos compañeros que trataban a su mujer como a una esclava, que pensaban que la mujer había nacido nada más que para tener hijos y para tener una cocina en condiciones. Así muchos militantes. Había otros que no, es verdad. E inclusive en el sindicato, yo a veces tenía que decir 'eh, compañeros, que soy una compañera, cuidadito'. Les tenía que parar los pies a militantes mismos, porque ya... o sea, te miraban como mujer y no como compañera y luchadora. No era general, pero había cantidad. O sea, que tenías que luchar en casa por tu libertad, la tenías que conquistar primero en tu casa, antes de conquistarla en ninguna otra parte."

Para combatir estas relaciones de dominación, Mujeres Libres quiso crear, en palabras de Ackelsberg, una organización dirigida por mujeres y para las mujeres, una organización consagrada a superar la subordinación de las mujeres en todas sus facetas, en el hogar, en el centro de trabajo o en el movimiento anarcosindicalista mismo. Los programas que desarrollaron (...) debían ser creados y llevados a la práctica por las mujeres, para las mujeres. Estos programas incluían clases para erradicar la ignorancia y  el analfabetismo, cursos de aprendizaje industrial y comercial, así como grupos de concienciación diseñados para capacitrar a las mujeres e influndirles el conocimiento y la confianza que necesitarían para participar como ciudadanas de pleno derecho en la sociedad revolucionaria. Estos programas debían ser organizados de modo federado y no jerárquico, y serían un ejemplo de las capacidades de las mujeres para obrar autónomamente con el objetivo de contribuir a la transformación social.

[El libro de Ackelsberg es el mejor libro que conozco sobre Mujeres Libres. Otros dos interesantes libros sobre el tema son : Mujeres Libres. Luchadoras Libertarias, con testimonios y fotos de sus protagonistas; Anarcofeminismo en España. La revista Mujeres Libres antes de la guerra civil, de Jesús María Montero Barrado. Ambos publicados por la Fundación Anselmo Lorenzo, aunque el primero creo que está agotado].