sábado, 3 de enero de 2015

Ensanchar curiosidades y no estrecharlas, leyendo a Manuel Azaña

     Manuel Azaña recrea en la novela El jardín de los frailes su paso por el colegio de los agustinos de San Lorenzo de El Escorial en los años finales del siglo XIX. Y no es que salgan muy bien parados estos frailes respecto a su rígida propuesta pedagógica. Quizá, desde entonces, le quedara claro a Azaña la necesidad de limitar el poder de la Iglesia en materia de educación:
     "La vida intelectual robusta no podía empezar justamente hasta salir del colegio. Todo cuanto en él adquiríamos era para olvidarlo en el punto de llegar a hombres. Tantos programas y libros, tantas clases, tantos exámenes no eran sino para ganar ciertas habilidades de orangután domesticado, habilidades caedizas, de las que nadie volvería a pedirnos cuenta en la vida. Esfuerzo que empleásemos en adquirirlas, esfuerzo perdido. Nuestra inteligencia era menos pueril de lo que pensaban los frailes; afectábamos un candor, una docilidad de entendimiento que en el fondo no teníamos. Los frailes, sin recatarse, estrechaban el campo que nuestra curiosidad mejor estimulada hubiera debido explorar".

     Como casi siempre, pensar a la contra puede iluminarnos. Lo que deberíamos evitar en la escuela pública: domesticar a los estudiantes con habilidades inútiles, inculcarles dogmas y docilidad, estrechar sus curiosidades.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Harina y cereal

     Almedinilla. Subbética de Córdoba. Hice estas dos fotografías mientras caminaba con estudiantes hacia el Ecomuseo del río Caicena. No vendrían mal aulas de este tipo para afrontar la profunda crisis ecológica y social en la que nos encontramos.





lunes, 3 de noviembre de 2014

El gozo de la cooperación y el compartir, reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza. Entrevista con el filósofo italiano Franco Berardi en eldiario.es

"Las utopías de la modernidad se fundaron sobre la exaltación testosterónica de la juventud. Fueron utopías violentas y esperanzadas (esto es, en última instancia desilusionantes, consagradas al arrepentimiento). Nuestra fuerza ya no puede basarse en el ímpetu juvenil, la agresividad masculina, la batalla, la victoria o la apropiación violenta, sino en el gozo de la cooperación y el compartir. Reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales".

http://www.eldiario.es/interferencias/bifo-sublevacion-afectos_6_319578060.html